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Cada edición incluye las traducciones del texto simplificado y del original al español.

Catálogo de traducciones / Clásicos / Valancy Stirling o El castillo azul
Clásicos

Valancy Stirling o El castillo azul

Ediciones disponibles

Edición simplificada B1

Texto original B2 nivel orientativo

En el mismo ebook

Dos textos conectados y dos glosarios, con traducciones al español.

El autor

Lucy Maud Montgomery (1874–1942) fue una escritora canadiense profundamente ligada a la Isla del Príncipe Eduardo. Creó a Ana de las Tejas Verdes, cuyo crecimiento continúa a lo largo de una serie de novelas. En sus libros, los paisajes, la imaginación, la amistad y la vida de las comunidades acompañan a personajes que buscan su lugar en el mundo.

A los veintinueve años, la poco agraciada Valancy Stirling nunca ha vivido de verdad, aplastada por la tiranía de una madre fría y un clan burlón en una monótona ciudad canadiense, y solo escapa mediante ensoñaciones con un Castillo Azul imaginario. Cuando la carta de un médico le comunica que padece una grave afección cardíaca y que quizá le quede un año de vida, algo se libera en su interior. Valancy empieza a decir exactamente lo que piensa, desafía a sus escandalizados parientes y se marcha de casa para cuidar a una antigua amiga moribunda y al padre de esta, un hombre de mala reputación. Con audacia, le propone matrimonio a Barney Snaith, un hombre misterioso de quien se rumorea que es un criminal, y encuentra una felicidad inesperada en la isla de Barney. A medida que florecen el amor y el respeto por sí misma, un sorprendente descubrimiento sobre su salud y la verdadera identidad de Barney convierte su historia en un relato de liberación, romance y segundas oportunidades.

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Simplificado B1

Simplificado EN

That was the real pain. Valancy did not mind so much being an old maid. She thought it could not be as bad as being married to an Uncle Wellington or an Uncle Benjamin, or even an Uncle Herbert. What hurt her was that she had never had a chance to be anything else. No man had ever wanted her. Tears came to her eyes as she lay alone in the slowly lightening dark. She did not dare cry as much as she wanted to. First, she was afraid that crying might bring back the pain around her heart. She had had a worse attack after going to bed. Second, she was afraid her mother would see her red eyes at breakfast and keep asking tiny, annoying questions about why she had been crying.

Simplificado ES

Ese era el verdadero dolor. A Valancy no le importaba tanto ser una solterona. Pensaba que no podía ser tan malo como estar casada con un tío Wellington o un tío Benjamin, o incluso con un tío Herbert. Lo que le dolía era no haber tenido nunca la oportunidad de ser otra cosa. Ningún hombre la había querido jamás. Se le llenaron los ojos de lágrimas mientras yacía sola en la oscuridad que lentamente aclaraba. No se atrevía a llorar tanto como deseaba. Primero, temía que el llanto pudiera devolver el dolor alrededor del corazón. Había tenido un ataque peor después de acostarse. Segundo, temía que su madre viera sus ojos rojos en el desayuno y siguiera haciéndole preguntas pequeñas y molestas sobre por qué había llorado.

Original

Original EN

Ay, there lay the sting. Valancy did not mind so much being an old maid. After all, she thought, being an old maid couldn’t possibly be as dreadful as being married to an Uncle Wellington or an Uncle Benjamin, or even an Uncle Herbert. What hurt her was that she had never had a chance to be anything but an old maid. No man had ever desired her. The tears came into her eyes as she lay there alone in the faintly greying darkness. She dared not let herself cry as hard as she wanted to, for two reasons. She was afraid that crying might bring on another attack of that pain around the heart. She had had a spell of it after she had got into bed—rather worse than any she had had yet. And she was afraid her mother would notice her red eyes at breakfast and keep at her with minute, persistent, mosquito-like questions regarding the cause thereof.

Original ES

Ahí estaba el aguijón. A Valancy no le importaba tanto ser una solterona. Después de todo, pensaba, ser solterona no podía ser ni de lejos tan espantoso como estar casada con un tío Wellington o un tío Benjamin, o incluso un tío Herbert. Lo que la hería era no haber tenido nunca la oportunidad de ser otra cosa que una solterona. Ningún hombre la había deseado jamás. Se le llenaron los ojos de lágrimas mientras yacía allí sola, en la oscuridad que clareaba apenas. No se atrevía a llorar tanto como quería, por dos razones. Temía que el llanto le provocara otro ataque de aquel dolor alrededor del corazón. Había tenido uno después de acostarse, bastante peor que cualquiera de los anteriores. Y temía que su madre notara sus ojos enrojecidos durante el desayuno y la acosara con preguntas minuciosas, persistentes, semejantes a mosquitos, acerca de la causa.

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