
Cada edición incluye las traducciones del texto simplificado y del original al español.
Martin Eden
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Dos textos conectados y dos glosarios, con traducciones al español.
Martin Eden es un marinero pobre y autodidacta cuya vida cambia cuando rescata a un joven y es acogido por una familia burguesa y culta. Allí conoce a Ruth Morse, una mujer elegante e instruida que despierta en él un ansia de conocimiento y belleza. Decidido a hacerse digno de ella, Martin devora libros, aprende por sí mismo a escribir y soporta una pobreza brutal e innumerables rechazos mientras produce un relato tras otro. Justo cuando empieza a desesperar, su obra es descubierta y él se convierte casi de la noche a la mañana en un autor célebre. Sin embargo, la fama no le proporciona alegría: el mundo refinado que antes veneraba ahora le parece superficial, el amor de Ruth demuestra estar sujeto a condiciones y las viejas amistades resultan falsas. Alejado de todas las clases sociales, Martin se hunde en una desilusión profunda y fatal.
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Simplificado EN
He walked behind the other man with a rolling swing in his shoulders, and his legs spread of themselves, as if the flat floor were moving like the sea. The large rooms seemed too small for his heavy walk, and he was afraid his broad shoulders would hit the doorways or knock over the things on the low mantel. He kept moving away from objects that were not really in his way, only in his mind. There was enough space between the piano and the table of books for several people to walk side by side, but he entered it nervously. His arms hung loosely at his sides, and he did not know what to do with them. When he thought one arm might brush the books, he suddenly lurched away like a frightened horse and nearly hit the piano stool. Watching the easy walk of the man in front of him, he understood for the first time that his own walk was different from other men’s. He felt ashamed of how clumsy he seemed. Sweat came out on his forehead in tiny drops, and he stopped to wipe his bronzed face with his handkerchief. “Hold on, Arthur, my boy,” he said, trying to hide his worry with a joking tone. “This is too much for me all at once. Give me a chance to calm down. You know I didn’t want to come, and I guess your family doesn’t exactly want to see me either.”
Simplificado ES
Caminaba pegado a los talones del otro, balanceando los hombros y separando involuntariamente las piernas, como si los suelos nivelados se inclinaran y se hundieran al compás del cabeceo y la embestida del mar. Las amplias habitaciones le parecían demasiado estrechas para su paso bamboleante, y lo aterraba pensar que sus anchos hombros pudieran chocar contra los marcos de las puertas o barrer las figurillas de la baja repisa de la chimenea. Se apartaba de un lado a otro entre los diversos objetos y multiplicaba unos peligros que, en realidad, solo existían en su imaginación. Entre un piano de cola y una mesa central colmada de libros había espacio para que media docena de personas pasaran hombro con hombro; sin embargo, se aventuró por allí con temor. Sus pesados brazos colgaban flácidos a los costados. No sabía qué hacer con aquellos brazos y aquellas manos y, cuando su mirada excitada le hizo creer que uno de ellos podía rozar los libros de la mesa, dio un bandazo como un caballo asustado y apenas evitó el taburete del piano. Observó el andar fácil del hombre que iba delante y, por primera vez, comprendió que caminaba de una manera distinta a los demás. Sintió una punzada momentánea de vergüenza por andar con tanta torpeza. Diminutas gotas de sudor le brotaron en la frente; se detuvo y se enjugó con el pañuelo el rostro bronceado. —Espera, Arthur, muchacho —dijo, procurando ocultar su ansiedad bajo un tono jovial—. Todo esto es demasiado de golpe para un servidor. Dame tiempo para armarme de valor. Sabes que no quería venir, y me imagino que tu familia tampoco estará loca por verme.
Original
Original EN
He walked at the other’s heels with a swing to his shoulders, and his legs spread unwittingly, as if the level floors were tilting up and sinking down to the heave and lunge of the sea. The wide rooms seemed too narrow for his rolling gait, and to himself he was in terror lest his broad shoulders should collide with the doorways or sweep the bric-a-brac from the low mantel. He recoiled from side to side between the various objects and multiplied the hazards that in reality lodged only in his mind. Between a grand piano and a centre-table piled high with books was space for a half a dozen to walk abreast, yet he essayed it with trepidation. His heavy arms hung loosely at his sides. He did not know what to do with those arms and hands, and when, to his excited vision, one arm seemed liable to brush against the books on the table, he lurched away like a frightened horse, barely missing the piano stool. He watched the easy walk of the other in front of him, and for the first time realized that his walk was different from that of other men. He experienced a momentary pang of shame that he should walk so uncouthly. The sweat burst through the skin of his forehead in tiny beads, and he paused and mopped his bronzed face with his handkerchief. “Hold on, Arthur, my boy,” he said, attempting to mask his anxiety with facetious utterance. “This is too much all at once for yours truly. Give me a chance to get my nerve. You know I didn’t want to come, an’ I guess your fam’ly ain’t hankerin’ to see me neither.”
Original ES
Caminaba pegado a los talones del otro, balanceando los hombros y separando involuntariamente las piernas, como si los suelos nivelados se inclinaran y se hundieran al compás del cabeceo y la embestida del mar. Las amplias habitaciones le parecían demasiado estrechas para su paso bamboleante, y lo aterraba pensar que sus anchos hombros pudieran chocar contra los marcos de las puertas o barrer las figurillas de la baja repisa de la chimenea. Se apartaba de un lado a otro entre los diversos objetos y multiplicaba unos peligros que, en realidad, solo existían en su imaginación. Entre un piano de cola y una mesa central colmada de libros había espacio para que media docena de personas pasaran hombro con hombro; sin embargo, se aventuró por allí con temor. Sus pesados brazos colgaban flácidos a los costados. No sabía qué hacer con aquellos brazos y aquellas manos y, cuando su mirada excitada le hizo creer que uno de ellos podía rozar los libros de la mesa, dio un bandazo como un caballo asustado y apenas evitó el taburete del piano. Observó el andar fácil del hombre que iba delante y, por primera vez, comprendió que caminaba de una manera distinta a los demás. Sintió una punzada momentánea de vergüenza por andar con tanta torpeza. Diminutas gotas de sudor le brotaron en la frente; se detuvo y se enjugó con el pañuelo el rostro bronceado. —Espera, Arthur, muchacho —dijo, procurando ocultar su ansiedad bajo un tono jovial—. Todo esto es demasiado de golpe para un servidor. Dame tiempo para armarme de valor. Sabes que no quería venir, y me imagino que tu familia tampoco estará loca por verme.



