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Cada edición incluye las traducciones del texto simplificado y del original al español.

Catálogo de traducciones / H. G. Wells / La guerra de los mundos
H. G. Wells

La guerra de los mundos

Ediciones disponibles

Edición simplificada B1

Texto original C1 nivel orientativo

En el mismo ebook

Dos textos conectados y dos glosarios, con traducciones al español.

El autor

H. G. Wells (1866–1946) fue un escritor británico con formación científica y un gran interés por la sociedad. En sus novelas, la imaginación pone a prueba las posibilidades y los peligros del progreso. La máquina del tiempo, El hombre invisible y La guerra de los mundos son algunas de las obras fundamentales de la ciencia ficción moderna.

Cuando unos cilindros procedentes de Marte caen en el sur de Inglaterra, los curiosos que se acercan descubren una fuerza invasora equipada con rayos calóricos, humo negro venenoso y gigantescas máquinas de combate. El narrador anónimo queda separado de su esposa y atraviesa una campiña que se desmorona bajo el pánico y la destrucción. Por el camino conoce a supervivientes cuyas reacciones revelan valentía, desesperación, fanatismo y ambición despiadada. Las armas humanas no pueden detener a los marcianos, y Londres se vacía mientras los invasores extienden su maleza roja por el territorio. Sin embargo, los conquistadores, en apariencia invencibles, acaban derrotados no por el poder militar, sino por la vida microscópica de la Tierra, contra la cual carecen de inmunidad.

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Simplificado B1

Simplificado EN

I found a small crowd of about twenty people around the huge hole where the cylinder lay. I have already described how large it was, half buried in the ground. The grass and gravel around it looked burned, as if from a sudden explosion. No doubt the impact had caused a flash of fire. Henderson and Ogilvy were not there. I think they saw that nothing could be done yet, and had gone to Henderson’s house for breakfast. Four or five boys were sitting on the edge of the Pit, with their feet hanging down. They were amusing themselves by throwing stones at the giant mass, until I stopped them. After I spoke to them, they began playing “touch” among the people there.

Simplificado ES

Encontré una pequeña multitud de unas veinte personas alrededor del enorme agujero donde yacía el cilindro. Ya he descrito lo grande que era, medio enterrado en el suelo. La hierba y la grava que lo rodeaban parecían quemadas, como por una explosión repentina. Sin duda, el impacto había causado un destello de fuego. Henderson y Ogilvy no estaban allí. Creo que vieron que aún no se podía hacer nada y se habían ido a desayunar a casa de Henderson. Cuatro o cinco chicos estaban sentados al borde del Pozo, con los pies colgando. Se divertían tirando piedras a la masa gigante, hasta que los detuve. Después de hablar con ellos, empezaron a jugar a «tocar» entre la gente que había allí.

Original

Original EN

I found a little crowd of perhaps twenty people surrounding the huge hole in which the cylinder lay. I have already described the appearance of that colossal bulk, embedded in the ground. The turf and gravel about it seemed charred as if by a sudden explosion. No doubt its impact had caused a flash of fire. Henderson and Ogilvy were not there. I think they perceived that nothing was to be done for the present, and had gone away to breakfast at Henderson’s house. There were four or five boys sitting on the edge of the Pit, with their feet dangling, and amusing themselves—until I stopped them—by throwing stones at the giant mass. After I had spoken to them about it, they began playing at “touch” in and out of the group of bystanders.

Original ES

Encontré una pequeña multitud de unas veinte personas rodeando el enorme agujero en que yacía el cilindro. Ya he descrito el aspecto de aquella masa colosal, incrustada en el suelo. El césped y la grava alrededor parecían chamuscados como por una explosión súbita. Sin duda su impacto había causado un fogonazo. Henderson y Ogilvy no estaban allí. Creo que comprendieron que por el momento no había nada que hacer y se habían ido a desayunar a casa de Henderson. Cuatro o cinco muchachos estaban sentados al borde del pozo, con las piernas colgando, y se divertían —hasta que los detuve— arrojando piedras a la masa gigantesca. Después de que les hablé del asunto, empezaron a jugar a «tocar y correr» entre el grupo de curiosos.

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